En mis casi 40 años de vida
ciudadana, durante los cuales siempre cumplí con mi deber ciudadano de votar,
escogiendo siempre de forma autónoma e incondicional la opción que a mi libre
entender consideré la más acertada para presidir los destinos de nuestro país,
sin participar activamente en política, solo pasivamente por medio de mis
opiniones, jamás había visto una campaña a la presidencia de la República
repleta de tanto sentimiento, de amor puro expresado por las ciudadanías libres
e independientes de la clase política, como la actual campaña de la Colombia
Humana de Gustavo Petro Urrego.
Las ciudadanías libres e
independientes son todas aquellas personas que no tienen ningún vínculo con los
políticos tradicionales, no son empleados públicos, no son contratistas del
Estado, no son empleados de empresas privadas con intereses en la cosa pública,
por negocio o por cualquier otro tipo de relación, tampoco son familiares de
éstos o siéndolo no se prestan para dar su voto como agradecimiento a un favor
hecho por los políticos a ese familiar o a ese amigo. Es decir son personas sin
ninguna atadura al actual y depravado régimen político Colombiano.
En esta campaña esas
ciudadanías libres han coincidido en las plazas públicas y en las redes
sociales para respaldar al candidato Petro, respaldo incondicional que fue
creciendo con el pasar de los días, a medida que se fueron apersonando del
programa de gobierno expuesto por Petro, hasta convertirse en un verdadero acto
de amor y de convicción con el firme propósito de arrebatar el país de mano de
las mafias políticas que por alrededor de 200 años nos han gobernado.
Esta concurrencia voluntaria
y espontanea en plazas públicas y en redes sociales, se ha extendido hasta las
Universidades, los barrios y los parques, donde muchos confluyen para reunirse,
programar actividades proselitistas y actividades varias para recolectar fondos
para financiar la campaña, es así como se hacen para la venta sancochos,
asados, rifas, camisetas y gorras alusivas a la campaña. De esta manera han
financiado la elaboración de pendones, avisos, vallas, letreros propagandas de
promoción de las propuestas del candidato y el transporte de los electores el
día de la votación. Todas estas actividades se han realizado en un ambiente de
alegría y de mucho amor por la campaña. Gustavo Petro y sus propuestas
despertaron en la ciudadanía libre un fehaciente gozo en la participación
política, una política hecha con amor.
Así las cosas estas
elecciones se han dividido en dos bandos, uno liderado por la totalidad de la clase
política tradicional, tanto los del NO como los del SI, los cuales se han unido
todos alrededor de la candidatura de Iván Duque, contando con el apoyo abierto
y antiético de la mayoría de los medios de comunicación, los grandes
empresarios, los ganaderos, los gremios empresariales, los grandes y medianos
contratistas, los banqueros, la mayoría de los evangélicos y otros, quienes
tradicionalmente han estado vinculados por medio de intereses económicos o
políticos a los gobiernos actuales y pasados, conjugando de esta manera un
régimen gubernamental, que se ha nutrido con prácticas putrefactas,
configurándose en un régimen de corrupción, que nos ha gobernado por más de 200
años, cuya bandera principal es elegir al fiscal, acabar con las Cortes, la
JEP, concentrando los poderes para hacer trizas los acuerdos de paz.
Por otro lado, están las
ciudadanías libres e independientes de este régimen, asistidas por los partidos
alternativos, ajenos al régimen nacional de corrupción, acompañando la
candidatura de Gustavo Petro Urrego de la Colombia Humana, cuya bandera es la
búsqueda de la justicia social para una era de paz. En el papel parece esto a
pelea de tigre con burro amarrado, el gran poder económico y político contra
los partidos y ciudadanías libres. No obstante, la batalla final aún está en
juego. El arma de batalla para unos el poder económico y político, en toda su
extensión y para otros, el poder y la fuerza del amor del pueblo por un anhelo
de cambio y de restitución de derechos.
Ha llegado la hora como dijo
Gaitán, en que: “Cercano está el
momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es
el pueblo y no una multitud anónima de siervos.”
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