Sin embargo nuevamente algunos pre candidatos
y candidatos están utilizando el miedo como caballo de batalla, pero ahora con
la amenaza constante y persistente de infundirle a la gente el temor a
convertirnos en una nueva Venezuela con régimen castrochavista y hasta
comunista o socialista, debido a la amplia acogida que los nombres de Gustavo
Petro y Sergio Fajardo han despertado en la gente. Esto los ha llevado a liderar
las encuestas. Son candidaturas centro izquierdistas de corte progresista y
cívico, más no comunista o socialista como quieren hacerlo ver algunos
contradictores, hecho que ellos han rechazado.
Entre la guerra y la paz, se generó mucho
miedo, agudizándose la polarización y la corrupción en todas las instancias del
estado, los cuales se pueden considerar los factores principales que han despertado
hoy en el pueblo fervientes deseos de cambio y de ahí que los candidatos y
precandidatos de los partidos no tradicionales estén punteando en las encuestas
y tengan lleno completo en las plazas públicas. El pueblo muestra cansancio de
tanta corrupción en la justicia, en la salud, en la educación y en general en
todas las instancias de gobierno.
Causa asombro, repugnancia e indignación cómo
hoy algunos pre candidatos y candidatos que han convivido placenteramente con
la corrupción, en sus discursos prometen descaradamente luchar contra la
política tradicional y la corrupción, tal cual ha ocurrido en todas las
campañas pasadas. Es un discurso que muchos aún aplauden, pero que no debería vender,
porque el pueblo realmente no les cree y por el contrario pregona que todos son
iguales y que van es a robar. Por esta razón es evidente el rechazo a que sigan
gobernando los mismos con las mismas y de ahí la razón del porqué los
candidatos de partidos no tradicionales han tomado ventaja en las encuestas.
Definitivamente ese miedo sembrado en el
electorado por la clase gobernante de los últimos años, les ha permitido
mantenerse en el poder, conformándose de esta manera las mafias de la
contratación pública que succionan los recursos públicos sin ningún tipo de
pudor y lo que es peor con la manguala y el contubernio abierto y descarado del
sector privado. Es así como se han dado casos vergonzosos como los de Agro
Ingreso Seguro, Odebrecht,
Reficar, los comedores escolares, Interbolsa, el cartel de los pañales, el
carrusel de la contratación, los carteles de la salud en Córdoba, las regalías
de Córdoba y la Guajira, los 21 jueces y fiscales del Meta trabajando para
organizaciones ilegales, el ex secretario de seguridad de Medellín, el caso del
ex fiscal Gustavo Moreno y muchos más. Es una lista interminable de casos de corrupción y el pueblo
Colombiano ha permanecido en un vasto e inconcebible letargo. ¿Qué nos está
pasando?
Lo peor de todo es que no les pasa nada. Ni
siquiera tienen temor a la cárcel, no piensan en sus familias y mucho menos en
su futuro profesional. Entrar a la política a robar se ha convertido en el
mejor de los negocios, la rentabilidad del mismo es infinita. Que rico roban
una millonada, pagan dos o tres años de casa por cárcel, pagan una sanción
mínima, pagan abogados y quedan libres de culpa y multimillonarios.
Si el pueblo en pleno no despierta y hace
presencia masiva en las mesas de votación, derrotando este abnegado abstencionismo,
los mismos con las mismas, aún en cuerpo ajeno continuarán desangrando las
arcas del Estado y cada día más el país se sumirá en la extrema pobreza e
inequidad social.
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