Es muuy triste ver hoy tanta maldad del hombre contra la naturaleza, contra sí mismo, contra la mujer,
contra los animales y aún contra la tierra y el agua. De cosa no la hemos
emprendido contra los cielos y sin embargo la contaminación ambiental sube muy
alto. El mal mayor sin duda la corrupción de los gobernantes, quienes se embolsillan
los dineros de la salud, educación, viviendas y servicios básicos, dando origen
a muchos otros males y a la susodicha desigualdad social, que conlleva a otros
males superiores como la lucha de guerrillas, paramilitarismo, narcotráfico y
la prostitución.
En mis exiguas lecturas
de la Biblia, pues no soy su cotidiano lector como quisiera, desee buscar el
origen de tantos males y observé que desde los inicios de su creación el hombre
desobedeció la Palabra de Dios. La primera orden por parte de Dios al hombre
fue en Génesis 2:15, 16 y 17 cuando el hombre es colocado en el huerto para que
lo labrara y lo guardase con la instrucción de alimentarse de todo árbol, a
excepción del árbol de la ciencia del bien y del mal. Como todos sabemos el
hombre a voluntad propia desobedeció a Dios al doblegarse a la mujer y probar
el fruto prohibido.
Desde nuestros
inicios observamos un problema de obediencia, cumplimos ordenes de cualquiera o
seguimos nuestros propios conceptos, principios o costumbres antes que a Dios,
quien a nuestros antepasados habló a través de los mandamientos descritos en Deuteronomio
5: 5 al 21. Y pese a ello, aún hoy esta actitud de desobediencia persiste, de
ahí que todos nuestros males provienen del no cumplimiento de la Palabra de
Dios a través del tiempo. Si revisamos la biblia describe en toda su extensión
un mar de desobediencias de los hombres a sus preceptos.
Sin embargo Dios en
su infinito amor nos llama constantemente a la obediencia, nos pide considerar
y poner por obra sus mandamientos, prometiéndonos múltiples bendiciones. En
Deuteronomio 28:2 al 14, Dios promete bendecirnos a pesar de saber desde un
principio que la maldad del hombre era mucha en la tierra, como se lee en
Génesis 6: 5, hasta tal punto que se arrepintió de haber hecho hombre en la
tierra. Sin embargo por la obediencia de hombres como Noé, Abraham,…otros y el
mismo Jesús hoy existe la esperanza de que si obedecemos, alcanzaremos las
promesas de Dios. ¿Qué tal que nuestros gobernantes acataran sus
mandamientos?
Pese a todas estas
bellas promesas por qué persistimos en la desobediencia? Por qué es tan difícil
para el hombre obedecer los mandamientos de Dios? Sin duda al comer de la fruta
prohibida el conocimiento de lo bueno y lo malo entra al hombre, sintiéndose
más atraído por las cosas malas, pues éstas le traen mayores placeres, aunque pasajeros
pero lo alejan de la voluntad de Dios.
Cualquiera diría y si
Dios todo lo puede por qué no forzó la obediencia en el hombre? Sencillamente
porque Dios es amoroso y nos dio libertad para elegir, esto nos diferencia del
resto de la creación. En Deuteronomio 30: 19 y 20 leemos que dejó al hombre a
que decidiera por sí mismo entre la vida y la muerte, entre la maldición y la
bendición y lo exhorta a que escoja la vida, para que con toda su descendencia vivan
amando a Dios, atendiendo su voz y siguiéndole. Es claro que la voluntad de
Dios no siempre es lo que el hombre decide o hace, simplemente porque antepone su
punto de vista. Cuando Adán comió de la fruta prohibida fue su decisión no la
voluntad de Dios. Así que no adjudiquemos a Dios las cosas que suceden por
voluntad nuestra, diciendo esa fue la voluntad de Dios.
Esta es una gran
lección de amor que nos da Dios y por esto en Mateo 22:37 el Señor nos dice que
el primer gran mandamiento es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma
y con toda la mente y el segundo es amar al prójimo como a uno mismo. Cuán
lejos estamos de experimentar ese inmenso amor, si lo sintiéramos en esa
dimensión el mundo fuera muy diferente. Nuestros gobernantes fueran orgullo
para su pueblo y no el origen de su desdicha.
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