El
pasado 4 de junio de 2019, falleció en la ciudad de Medellín, producto de un
infarto, Oswaldo Antonio Calics Velásquez, coterráneo, vecino de antaño,
compañero de estudios en el Instituto San Jorge, amigo y hermano de toda la
vida, con quien compartí grandes momentos de nuestra juventud, tanto en
Montelíbano como en Barranquilla, al lado de mi hermano Henry y de Jairo Molina
Almanza
Oswaldo
era un gran ser humano, no perfecto, pero si un hombre serio, honesto como
pocos hoy en día, muy analítico y defensor pertinaz de los derechos mínimos y
de las causas justas de las personas. Fue uno de esos personajes anónimos,
aparentemente introvertido, pero no, era un buen conversador y cuando hablaba
dejaba ver la claridad de sus pensamientos y la seguridad de sus valores, que
lo manifestaban como un líder silencioso.
Se
hablaba y debatía con él de diversos temas y en todos demostraba conocimientos
y buen criterio, deportes, de la situación en Montelíbano y el país. En mi
última charla con él, después de muchos años, en el balcón de mi apartamento en
Barranquilla, disfrutando de una hermosa vista y de la dulce brisa en el ocaso
de la tarde, hablamos de Montelíbano, sus últimas administraciones y del futuro
político inmediato, también me comentó del cambio que había experimentado en su
vida, desde que decidió intensificar su relación con Dios, por medio de la
lectura y estudio de la Biblia, lo cual evidencié que lo hacía ahora aún más
instruido.
En
su corto paso por el sector público, ofició en la Alcaldía de Montelíbano como
recaudador de impuestos, sentó en ese cargo, muy apetecido por los políticos, un
gran precedente de honestidad y transparencia en el desempeño de sus funciones.
Muchas anécdotas quedaron de su experiencia en tan codiciado cargo. Hombres
así, como Oswaldo los hay y muchos en nuestro pueblo, pero desafortunadamente
no son elegibles para esos cargos, porque su carácter cargado de valores no se conjuga
con los oscuros intereses de los políticos.
Oswaldo
no era solo mi amigo, era mi hermano, su partida imprevisible y repentina
duele, me llena de nostalgia y mucha tristeza, pero los recuerdos son sempiternos y nadie nos los puede quitar. La
amistad verdadera es perpetua y amigos así permanecen juntos y nunca se
despiden.
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