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viernes, 19 de julio de 2019

Oswaldo Calics Velásquez


El pasado 4 de junio de 2019, falleció en la ciudad de Medellín, producto de un infarto, Oswaldo Antonio Calics Velásquez, coterráneo, vecino de antaño, compañero de estudios en el Instituto San Jorge, amigo y hermano de toda la vida, con quien compartí grandes momentos de nuestra juventud, tanto en Montelíbano como en Barranquilla, al lado de mi hermano Henry y de Jairo Molina Almanza

Oswaldo era un gran ser humano, no perfecto, pero si un hombre serio, honesto como pocos hoy en día, muy analítico y defensor pertinaz de los derechos mínimos y de las causas justas de las personas. Fue uno de esos personajes anónimos, aparentemente introvertido, pero no, era un buen conversador y cuando hablaba dejaba ver la claridad de sus pensamientos y la seguridad de sus valores, que lo manifestaban como un líder silencioso.

Se hablaba y debatía con él de diversos temas y en todos demostraba conocimientos y buen criterio, deportes, de la situación en Montelíbano y el país. En mi última charla con él, después de muchos años, en el balcón de mi apartamento en Barranquilla, disfrutando de una hermosa vista y de la dulce brisa en el ocaso de la tarde, hablamos de Montelíbano, sus últimas administraciones y del futuro político inmediato, también me comentó del cambio que había experimentado en su vida, desde que decidió intensificar su relación con Dios, por medio de la lectura y estudio de la Biblia, lo cual evidencié que lo hacía ahora aún más instruido.

En su corto paso por el sector público, ofició en la Alcaldía de Montelíbano como recaudador de impuestos, sentó en ese cargo, muy apetecido por los políticos, un gran precedente de honestidad y transparencia en el desempeño de sus funciones. Muchas anécdotas quedaron de su experiencia en tan codiciado cargo. Hombres así, como Oswaldo los hay y muchos en nuestro pueblo, pero desafortunadamente no son elegibles para esos cargos, porque su carácter cargado de valores no se conjuga con los oscuros intereses de los políticos.

Oswaldo no era solo mi amigo, era mi hermano, su partida imprevisible y repentina duele, me llena de nostalgia y mucha tristeza, pero los recuerdos son sempiternos y nadie nos los puede quitar. La amistad verdadera es perpetua y amigos así permanecen juntos y nunca se despiden.

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