En tiempos de guerra los politiqueros tuvieron
como argumento para lograr el favor del electorado, infundirle miedo y terror a
la gente, haciendo ver la violencia generada por las guerrillas y
paramilitares, como la principal problemática del país, mientras la clase
política gobernante junto con su séquito de secuaces se enriquecían con los
recursos públicos supuestamente asignados a la salud, educación y demás obras
de interés social, llevando al país a ser considerado de los más corruptos del
mundo.
Después de firmarse la paz con las FARC,
principal actor generador de violencia, hoy en tiempos de posconflicto los
discursos de los políticos tanto de derecha como de izquierda, se focalizan en
la promesa de combatir la corrupción, esa que ellos mismos engendraron e impulsaron
saqueando las arcas del estado, de generación en generación. La izquierda en su
último turno al bate por poco quiebra a Bogotá.
Corrupción es la forma de expresar el mal uso del poder público para el
enriquecimiento propio, de familiares y coequiperos. En este país esta
definición varía dependiendo de quién la exprese. Para el gobierno de turno
corrupción son todos los hechos ocurridos en los gobiernos anteriores, por los
cuales hay hoy muchos presos y sancionados. Pero estos mismos y otros delitos los
cometen los que hoy gobiernan y todo pasa en absoluto silencio y no se
investiga ni se toman las medidas pertinentes. Hay que esperar al próximo
gobierno, si es contrario para que se encarcelen a los corruptos, porque si
ganan los que gobiernan todo lo tapan. ¿Y dónde está la justicia?
Para los
políticos que hoy se oponen, quienes gobernaban antes, sus actos bochornosos,
por los cuales hay muchos presos y otros intocables no son de corrupción, sino
que están afrontando una persecución política, pero tildan de corruptos a los
que hoy gobiernan.
Lo más triste es
que el pueblo permanece cuasi insensible a tan putrefactos estilos de gobiernos.
Un gobierno sucede a otro y lo que queda es el análisis de cuál fue más
corrupto. ¿Quién robo más? El
progreso sólo se ve en los nuevos ricos que deja cada gobierno. Entretanto, el
país aún sumido en el subdesarrollo, que decir en la pobreza absoluta. Tan
triste situación no sólo es del orden nacional, ocurre a todo nivel, municipal
y departamental.
Este sistema
político que desangra al país nos tiene tan absortos que nos ha encasillado en
uno y otro bando, que ya hasta hemos perdido la capacidad de análisis,
defendemos a unos y atacamos a otros sin percatarnos que ambos lados están
igual de putrefactos y que sólo nos utilizan para lograr sus propósitos, cuales
son enriquecerse cada día más con el erario público.
¡Basta ya pueblo! Todos somos conscientes de
esta situación y sabemos quiénes son los politiqueros que nos han llevado a este
estado tan lamentable. No podemos permitir que esta situación continúe, debemos
reaccionar, no nos traguemos el cuentecito de que “vamos a combatir la corrupción”.
En las próximas elecciones debemos acabar con los dos verdaderos grandes
enemigos de Colombia, la corrupción y la abstención electoral. Amigos
abstencionistas, pónganse la mano en el corazón, sin su apoyo todo esfuerzo es
en vano, ya que la mayoría de los votantes, son cautivos de semejantes bandos.
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