Indagando sobre la paz, encuentro estas dos
definiciones: 1) Situación o estado en que no hay guerra ni luchas entre dos o
más partes enfrentadas 2) Acuerdo para poner fin a una guerra. Así las cosas, cuando
se habla de proceso de paz con las Farc, simplemente significa que el estado
Colombiano, liderado por su Presidente busca terminar la guerra con este grupo
guerrillero, por medio de un acuerdo que nos lleve al fin del conflicto.
Ahora, la paz en un sentido bíblico más
profundo, no religioso, es revestirnos de amor, bondad, humildad, amabilidad y
paciencia para tolerarnos unos a otros, para perdonarnos mutuamente de tal
forma que gobierne en nuestros corazones la paz de Dios. Esta paz no es
comparable con aquella, queda claro y no podemos caer en errores conceptuales, así
que téngalo pendiente para que no lo confundan tan fácilmente. Hago esta aclaración
porque como una forma más de oponerse o de hablar mal del proceso y del presidente
Santos, se dice que la paz sólo la da Dios, que el presidente no es el dueño de
la paz.
Tampoco es cierto que por el hecho de que Santos
sea el presidente de la República y quien le apostó todo al proceso de paz con
las Farc, sea el dueño absoluto del proceso ni de la paz misma sí en definitiva
se logra. De hecho para el desarrollo y ejecución de dicho proceso, contó
primero con su reelección, segundo ha contado con una amplia mayoría en el
congreso y tercero eligió un grupo de negociadores de las más excelsas
cualidades personales, con vasta experiencia y trayectoria, reconocidos
ampliamente, quienes además en gobiernos anteriores participaron con mucho profesionalismo.
Además el presidente siempre fue claro y ha afirmado
que la paz, el fin de la guerra con las Farc, está en manos de todos los
Colombianos, por esto aprobado el plebiscito por la Corte Constitucional será el
elector primario quien dirá SI o NO a la paz con las Farc. Es obvio que si lo acordado
es exitoso y funciona, la imagen del presidente será la más beneficiada, pues
lo merece por su perseverancia, paciencia y firme convicción de estar haciendo
lo correcto.
Esto precisamente es lo que ha generado gran
celo y malestar político en sus contradictores, pues no es cierto que el país
se esté entregando al “castrochavismo” ni a la guerrilla, tampoco es cierto lo
de la impunidad, ni que se esté prevaleciendo a los guerrilleros antes que a
nuestros soldados, tampoco han aumentado los niveles de inseguridad y el
narcotráfico, no es cierto la desmotivación de la fuerza pública, mucho menos
que se esté negociando el modelo económico, ni se ha negociado el desarrollo
rural del país.
Nada de esto es cierto, son solo habladurías
engañosas para que usted no apoye el proceso, tergiversación de la palabra para
persuadir vilmente a la gente y llevarla a donde ellos quieren. La prueba de
esto es que ya Uribe y su partido han accedido a participar en los diálogos,
bien tarde por cierto después de tantos llamados del gobierno, con sólo dos
condiciones: que se revisen los capítulos de impunidad y de elegibilidad
Qué nos importa el nombre de quien logre la paz
con las Farc? Si no lo logró Barco, Betancourt, Pastrana, Gaviria ni Uribe y lo
logra Santos bienvenida sea la Paz. Esto no es cuestión de egos y orgullos
baratos, ni de imposición de posturas partidistas, lo que está en juego es el
futuro de las nuevas generaciones, es el futuro de Colombia.
Firmada la paz, reintegrada las Farc a la vida
civil y a la política, nuestro orden democrático continúa y por lo tanto será
el pueblo como siempre quien escoja a sus gobernantes, lo que si debemos es
elegir bien, basta ya de elegir a los corruptos de siempre, porque los tenemos
a la carta, en todos los partidos. Esta es otra batalla que el pueblo
Colombiano debe ganar, no caigamos en la aguda polarización de izquierdas y
derechas, ambos bandos han dilapidado los recursos públicos en beneficio propio
y en detrimento de las necesidades básicas de las comunidades más pobres y han
incrementado con sus actos la pobreza extrema.
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