La situación del país está cada
vez más complicada, las diferencias políticas no son tan políticas, la
polarización del país se ha profundizado por posiciones radicales, las cuales
tampoco son políticas porque en realidad las motivaciones de todo este embrollo
es la búsqueda del poder político y económico con politiquería y corrupción.
Esta aguda polarización
tiene el grave efecto de que nos está alineando en dos bandos que tampoco son
extremos, pues son dos bandos de una misma orilla (derechistas), es decir se
nos está reduciendo el panorama político solo a Santistas y Uribistas, quienes
a larga son cucharas del mismo calabazo. Se ha profundizado tanto esta
situación que no se avizora ninguna otra opción. Los posibles candidatos
presidenciables ya se identifican como de uno u otro bando.
Está tan enraizada la polarización
entre los colombianos, que es muy triste observar cómo se adoptan posiciones
sólo por llevarse la contraria entre los bandos de la derecha. Los opositores
al gobierno se oponen a todo avance que se logre en el proceso de paz por
diversas razones o motivos y sin embargo, le exigen ligereza y prontitud para
que abra mesas de diálogos con otros actores armados, sin ningún tipo de
restricción. Vaya incoherencia! Lo coherente sin duda sería proponer y apoyar
el destierro de todo tipo de violencia y de cada actor generador de la misma
con capacidad de des-estabilización, mediante el diálogo y la negociación.
Por su lado el gobierno pese
a pregonar mano dura contra los corruptos,
ha sido igual que todos los anteriores, tolerantes con la corrupción. Sin
embargo se le reconoce que la apuesta por la paz era un paso que había que dar
y era el momento propicio.
En los gobiernos de Uribe se
allanó el camino para abrir procesos de paz con las guerrillas, de hecho él
siendo aún presidente lo intentó, pero no lo logró. Con los demás actores de des-estabilización también debe allanarse ese camino y buscar una salida
negociada para acabar con los actos de violencia y lograr la paz deseada.
La otra orilla son los
movimientos políticos de izquierda, también con dos bandos Polistas y
Progresistas, de los cuales, los primeros pelaron el cobre administrando a
Bogotá, la corrupción brilló notoriamente y por poco quiebran la capital y los
segundos administraron también la capital, pero su real gestión se evaluará con
el pasar del tiempo, cuando se vayan conociendo sus logros, pues éstos no
fueron divulgados por la prensa nacional, la cual también se alineó a la orilla
de la derecha.
Entre estas dos orillas por
el centro se podría incluir el Partido Verde y otras alternativas que surjan.
Los Verdes después del repunte y caída de Mockus como candidato, no ha mostrado
una real y verdadera vocación de poder, toca esperar si se mantiene por el
mismo camino o se adhiere a alguna de las orillas.
Cuán agradable sería escuchar
a nuestros congresistas, empresarios, columnistas, líderes gremiales y demás, haciendo
debates sobre el manejo económico, sobre cómo reactivar el campo, cómo mejorar
la educación, cómo combatir la corrupción en entidades públicas y sobre cómo priorizar las inversiones y no en este constante barullo
por demostrar que el otro es el malo, cuando los dos bandos de derecha han
desangrado las finanzas de este país. En estas condiciones, hacia dónde vamos?
Este panorama político nacional
se refleja a nivel local en todos los municipios, en Montelíbano mi pueblo del
alma, ocurre igual, la polarización, radicalización y estigmatización son las
banderas en las campañas políticas. Dios tenga misericordia con nuestro país y
nos premie con un nuevo liderazgo, capaz no sólo de aglutinar masas, sino
también con el temple y voluntad política para combatir tanta corrupción y revertir
este opaco panorama político.
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