Es lamentable la forma como el gobierno de
Venezuela deportó a más de 1.000 Colombianos residentes en ese país, en la
frontera por los lados de Cúcuta. Es incomprensible el trato que se le dio a
ancianos, niños y hasta a mujeres embarazadas. Esta no es una manera razonable
de realizar un proceso de deportación, sin lugar a duda aquí se presenta una
clara violación a los derechos humanos y hace bien el presidente Santos en
elevar consulta a la OEA.
Estas acciones desafiantes e intimidatorias contra Colombia de los gobiernos Venezolanos no son nuevas, datan desde antes de gobernar la izquierda con Chávez, se remontan a la otrora clase política tradicional encabezada por Rafael Caldera, Carlos A. Pérez, Luisinchi y Campins. Dado el alto grado de corrupción, similar al de hoy en Colombia y los vaivenes de los precios del petróleo, cada vez que avizoraba una crisis en ese país, estos mandatarios, para apaciguar el desorden interno que se les formaba, la emprendían contra Colombia, haciendo una cortina de humo, utilizando el amor a la patria como argumento para lograr la solidaridad de la gente y olvidarse de los verdaderos problemas.
Lo correcto hubiera sido una deportación
programada, coordinada con las autoridades Colombianas, no podemos ser países hermanos
para unas cosas y para las otras no. Venezuela está en su derecho de deportar a
todas las personas que residan ilegalmente en su país, eso no podemos
desconocerlo. Colombia por otro lado está en la obligación de apoyar
decididamente a cada Colombiano deportado.
En buena hora el gobierno Colombiano anuncia
medidas para apoyar a los deportados, viviendas gratis, educación gratuita, empleo
y subsidio de arriendos son indudablemente soluciones que atenúan los difíciles
momentos vividos por nuestros coterráneos, así no compensen la humillación
recibida.
Las excusas precisas o chorros de humos eran el
diferendo limítrofe por el golfo, el pleito por los límites marítimos, el contrabando,
la incursión paramilitar y ahora la ilegalidad de algunos Colombianos, el para-militarismo y el micro contrabando. Cada uno de estos gobiernos utilizó la estrategia de
despertar anti colombianismo en los Venezolanos para atenuar sus crisis interna.
La respuesta siempre de nuestros gobernantes fue la diplomacia, a excepción del
gobierno de Uribe que entraba siempre en contra punteo con Chávez, lo cual
llevó al país a una grave crisis en la frontera, la cual hoy aún los
exportadores no la han superado. Y eso que no llegamos al conflicto armado.
El gobierno de Santos sin duda ha manejado
sabiamente la situación, pese a las presiones de algunos que hostigan para que
el presidente obre irresponsablemente y poder de esta manera pescar en río
revuelto y afectar de alguna manera la mesa en la Habana. Es inaudito e
inconcebible que no hayamos aprendido la lección. Por qué es tan difícil entender
las pretensiones de Maduro? Acaso no son las mismas de Chávez, de Caldera, de
Pérez y demás?
Si nuestro presidente hubiera hecho caso a
los hostigadores, sin lugar a dudas estuviéramos hoy en medio de un conflicto
internacional y nosotros los costeños y santandereanos a boquita de jarro para
los seguros bombardeos. Es eso lo quieren aquellos que demandan reacción bélica
por parte de nuestro gobierno?.
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