Atónitos observamos a diario
la campante corrupción en los sistemas político y Jurídico en Colombia,
reflejada desde hace muchos años en el robo descarado de los dineros y demás
bienes públicos, en la inyección de dineros de dudosa procedencia en las
campañas políticas auspiciada por la mayoría de nuestros congresistas, gobernadores y alcaldes y la criminal componenda entre éstos, los representantes del sistema judicial y los narco políticos de
turno, para garantizarse entre todos, millonarios beneficios con el despilfarro
de los recursos públicos, con los cuales financian cada año no sólo su
permanencia en sus curules por sí mismos o por interpuesta persona, sino que han
empoderado aún más este régimen anti democrático y putrefacto, al cual el pueblo
Colombiano con su pasividad innata también ha fortalecido, sumiéndose
ingenuamente en esa ola de corrupción dejándose llevar por prebendas y dádivas
mezquinas que no ayudan en nada para salir de la pobreza absoluta en que este
régimen nos tiene absortos.
Para agravar la situación,
da tristeza, duele siquiera mencionarlo, pero decirlo es necesario, gran parte
de nuestra clase empresarial o nuestros gremios económicos, no todos, también
con frívolas intenciones han sido directa e indirectamente cómplices
silenciosos o activos de tan descarado robo y ultraje al pueblo Colombiano,
cuanta falta nos hace una clase empresarial que propenda por el desarrollo
económico de nuestro país. Igual ocurre con los columnistas y periodistas de opinión, que con sus escritos toman partida conforme a sus propios conceptos e intereses.
Lo que se escuchaba sobre el
gobierno de Petro al frente de la alcaldía eran muchísimas más las buenas
acciones que las malas, es más creo que en el caso de las basuras, motivo por
el cual se le mata políticamente, actuó con decisión para acabar de una con el cartel de la corrupción y pensando en la gente, pensando en los
más necesitados y de hecho hoy se ha demostrado que el nuevo sistema de basuras
que implementó ha sido bueno, ha generado importantes ahorros en dinero al
distrito, vinculó a la vida laboral a muchos trabajadores de la calle, para no
mencionar más.
El “error” de Gustavo Petro
- y digo error porque si hubiera hecho lo mismo que los anteriores alcaldes estuviera
sin problemas en la alcaldía, multimillonario y los del cartel felices - fue
intentar desmontar el régimen establecido en el distrito capital, el mismo
descrito anteriormente, contubernios entre contratistas, alcaldes, sistema
judicial y empresas privadas, que se han robado los recursos del erario público
a través de la contratación pública, para la cual nuestro pomposo sistema
judicial, en el caso del alcalde Samuel Moreno sólo lo suspende por un año, no
obstante haber dejado a Bogotá al borde de la quiebra y a Gustavo Petro por 15 años por intentar
desmontar la mafia de la contratación. No sabe uno en qué hubiera terminado su
gestión, pero al vuelo la intención era buena y no se escucha hasta ahora ninguna
denuncia por corrupción y ya eso era un avance grandísimo.
Esto que encontró Gustavo
Petro en Bogotá es radiografía de lo que pasa en la mayoría de las capitales y
ciudades de nuestro país, no es sólo Bogotá, este sistema mafioso impera en la
mayorías de las alcaldías y gobernaciones y también en las otras entidades
gubernamentales, ojalá los periodistas investigadores hagan investigaciones en
cada ciudad y veremos. En el pueblo más lejano donde alguien intente desmontar
esa mafia es alineado, destituido o asesinado, no hay forma de darle la vuelta
a ese oprobio, sólo el pueblo en su infinita sabiduría, ejerciendo libremente
el derecho a votar, podrá determinar un giro de 180 grados de estas costumbres
mal sanas, escogiendo gobernantes ajenos a las mafias locales, que todos
sabemos quienes son y quienes la representan, sólo falta la voluntad política.
Con sus decisiones y
actuaciones Gustavo Petro desafió al régimen, demostró que es posible romper
este sistema político mafioso, para lo cual tuvo que ser estricto y riguroso en
la aplicación de las medidas adoptadas, confundiéndose esto con una actitud
prepotente, pero necesaria para poder concretar su plan de acabar con la mafia de la contratación y hacer una Bogotá más humana. Esto asustó a los del régimen,
veían como la Bogotá humana, cada día se posicionaba más, hasta el punto que ya
se hablaba de una Colombia más humana. He ahí el mayor susto para los del
régimen, pero ya llegará otro Gaitán, Galán o Petro, que no solo desafié el
régimen sino que lo derrote, esta degradación política y social no puede ser
eterna.
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