Aclaro
de entrada esto porque está de moda en Colombia que cuando se habla de
descontento social, se califica a esa persona de inmediato de comunista. El
descontento social en Colombia existe porque los derechos fundamentales de las
personas, no se están protegiendo; el Estado y la economía están al servicio de
unos cuantos y no de la totalidad de su gente. Por estas cosas, Chile se
encuentra hoy en una situación crítica.
Chile
era uno de los países más prósperos del continente, tenía crecimiento del 4% al
año, mientras sus vecinos no alcanzaban el 1%. Gozaba de una gran tranquilidad
y mucha prosperidad económica, pero esta prosperidad no se reflejaba en todas
las poblaciones del país y mucho menos en las poblaciones periféricas, donde
reinaba la miseria. Esta desigualdad social se convirtió en la punta de lanza
para llegar a la situación que vive hoy Chile. Se podría decir que ese auge
económico hacia afuera era una falacia hacia el interior del país.
No
es que Chile de la noche a la mañana haya colapsado, esta situación se venía
gestando en los sectores abandonados del país, desde hace más de 30 años. El
descontento social interno no trascendía al exterior. Los medios de
comunicación al igual que aquí en Colombia son gobiernistas, consumistas y
manipulables, publican solo las noticias que convienen a los gobiernos de turno,
a sus dueños y por esto desde afuera, Chile era el paraíso del continente. Este
descontento se exteriorizó por medio de organizaciones sociales, cansadas de
tantas promesas incumplidas, por medio
de las redes sociales y se materializó a raíz del alza de 30 pesos en los
pasajes del metro, que se convirtió en el florero de Llorente, que llevó a
Chile a la situación que hoy vive.
Igual
en Colombia hemos vivido bonanzas que han generado importantes crecimientos
económicos, que nos han mostrado al exterior como un país próspero, con una
democracia sólida, pero también al interior del país el descontento social
viene desde hace más de 50 años, por la pobreza extrema de algunas regiones, la
corrupción campante que carcome los dineros de las bonanzas y van a parar a los
bolsillos de muy pocos colombianos. Sin embargo, en Colombia las organizaciones
sociales no se han manifestado en igual forma que en Chile, pero es una
situación similar, que en cualquier momento puede explotar y si los dirigentes
públicos y privados no renuncian a sus prácticas corruptas, si no dejan de
robarse los recursos de las regiones, tarde o temprano en Colombia, viviremos
una situación similar o peor por los antecedentes de violencia que ha vivido el
país.
Lo
que se vive hoy en Colombia es una incitación a la violencia, se anuncian
reformas pensionales y laborales en contra de los intereses de los más pobres,
en tanto que la corrupción cada día es más profunda, el sistema electoral es
fraudulento, la evasión fiscal de los grandes contribuyentes supera los $40 mil
millones al año y la corrupción absorbe aproximadamente $50 mil millones al
año. Por todo esto, y porque el presidente Duque no ha demostrado interés en combatir
estos males y por el contrario gobierna de forma excluyente, desde el pasado
año 2018 se viene gestando un paro nacional que agrupará movimientos populares
y organizaciones sociales.
Esta
situación tarde o temprano generará que el descontento social explote. Y luego
como siempre culparan a la gente, al pueblo, como si no fueran ellos los que
con sus ambiciones infinitas la alimentan, cubriéndose cada día de más
privilegios. Tal como el presidente Piñera, en pleno desarrollo de las
protestas sociales, declaró “estamos en guerra contra un enemigo poderoso,
implacable que no respeta a nada ni nadie…”. Ese enemigo como él llama, no es
otro que el descontento social.
En
Colombia esta misma problemática es una bomba de tiempo, muy dolorosa será,
pero más tarde que nunca explotará, si no se desmontan a tiempo las mafias de
la corrupción a todo nivel y para esto, se requiere de un liderazgo capaz, con
poder de convocatoria y he ahí el problema, ¿quién lo lidera? Nadie, porque no
quieren desprenderse de tantos privilegios y quieren continuar enriqueciéndose
de manera fácil, ya que la política con su sistema corrupto resultó hasta más
rentable que el narcotráfico y como delito es una vil utopía. La moda ahora es
politizar el descontento social y mirarlo como iniciativas radicales,
estigmatizando a la gente de comunista.
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